miércoles, 6 de mayo de 2009

Mensaje a los jóvenes con motivo de la fiesta de Domingo Savio en los 150 años de la fundación de la Sociedad Salesiana



Queridos jóvenes:

Nuestra vocación como salesianos, tiene el sello de un don especial de Dios: la predilección por los jóvenes. "Me basta que sean jóvenes para que los ame con toda mi alma". Este amor, expresión de la caridad pastoral, da sentido a toda nuestra vida. (Constituciones Salesianas n. 14)

El Rector Mayor, Don Pascual Chávez, nos ha pedido narrarles a ustedes, jóvenes, la bella historia de la fundación de nuestra Sociedad, fundada por Don Bosco sobre el cimiento de un puñado de jóvenes valientes y enamorados de Dios, jóvenes protagonistas del ambiente de familia que se vivía en el Oratorio de Valdocco. Los jóvenes, como ha dicho el IX Sucesor de Don Bosco, no son sólo los destinatarios de nuestra misión, sino cofundadores del carisma salesiano, Don Bosco, los amó tanto, que todo lo que hacía lo orientaba al bien de los jóvenes. Ustedes son nuestro camino vocacional: sus sueños, sus necesidades, sus pensamientos y nobles aficiones marcaron la ruta de la Congregación Salesiana, que tiene por fin que ustedes sean felices en el tiempo, como honestos ciudadanos, y en la eternidad, como buenos cristianos, ¡y cristianos Santos!

En esta hora de la historia de la humanidad y de la Iglesia, es una necesidad impostergable el alimentar de nuevo la esperanza, tal vez, la mayor profecía que hoy podemos dar a esta sociedad es darle confianza a los jóvenes. Los adultos en muchos moemntos les estamos privando de esta confianza de tal modo que comienzan a perder la confianza en ustedes mismos, siendo que una de las características de la juventud es el pensar que el mundo les resulta pequeño para todo lo que pueden hacer. Don Bosco creyó siempre en ustedes, creyó que son capaces de transformar el mundo. Hoy, los salesianos renovamos esta fe en ustedes, ¡jóvenes, les amamos y creemos en su potencial de bien!

Cuando Don Bosco, preocupado porque la labor que el hacía parecía que no tendría futuro, Dios le hizo ver que eran sus mismos muchachos quienes continuarían su sueño hasta hacerlo realidad. Don Bosco en sus sueños veía como las fieras se convertían en ovejas, y luego, las ovejas en pastores. ¡Atrévanse a soñar junto con Don Bosco, atrévanse a soñar con la Familia Salesiana! Entre los salesianos, la mayoría han sido jóvenes como ustedes, que habiendo sido protagonistas de su propia existencia, dijeron como el joven Juan Cagliero: "Fraile o no fraile, yo me quedo con Don Bosco". Las casas salesianas siempre estarán abiertas para ustedes, como lo está el corazón de Cristo, nuestro Señor, con los brazos abiertos en cruz.

Que el ejemplo de santidad de Domingo Savio, quien a su corta edad supo entender el lema de Don Bosco: Da mihi animas cetera tolle, y se empeñó en salvar a sus compañeros por medio de la Compañía de la Inmaculada, les ayude a convertirse en protagonistas de la historia.

Les amamos en el corazón de Cristo Buen Pastor,

Salesianos de Don Bosco
Provincia Cristo Rey y María Auxiliadora-MEG

lunes, 4 de mayo de 2009

Narremos a los jóvenes la fundación de nuestra Sociedad...



De hecho, antes de la fundación sancionada por la autoridad, tuvo lugar la verdadera fundación de su Sociedad, que lleva la fecha del período en el cual puso las bases de su minúsculo Oratorio de San Francisco de Sales. Sobre este punto no cambió nunca de idea, tanto él como, por otra parte, sus primeros colaboradores”.

Lo que hizo Don Bosco al llamar a un grupo de sus muchachos del Oratorio de Valdocco y la respuesta que ellos le dieron constituye, de hecho, una verdadera experiencia evangélica, con fuerte valencia simbólica y paradigmática: como Jesús, Don Bosco llamó a algunos jóvenes que estaban con él para compartir con ellos vida, sueños y misión; como Jesús, Don Bosco encontró sus colaboradores entre los que estaban junto a él; estar con él, aún siendo todavía tan jóvenes, fue la condición natural para ser invitados.

Así nació la Congregación Salesiana. Así nacimos nosotros. Aquellos dieciocho son nuestros ‘padres fundadores’, casi todos jovencísimos; excepto Don Alasonatti, con 47 años, y Don Bosco, con 44; Don Rua, director espiritual, tenía 22 años; Don Savio, el ecónomo, 24; los consejeros, todavía clérigos, poco más de veinte años. Es algo cierto: la Congregación salesiana ha sido fundada y se ha dilatado involucrando a jóvenes que quedaron convencidos por la pasión apostólica de Don Bosco y por su sueño de vida. Debemos narrar a los jóvenes la historia de los comienzos de la Congregación, de la que los jóvenes fueron ‘cofundadores’. La mayoría (Rua, Cagliero, Bonetti, Durando, Marcellino, Bongiovanni, Francesia, Lazzero, Savio) fueron compañeros de Domingo Savio y miembros de la Compañía de la Inmaculada; y doce fueron fieles a Don Bosco hasta la muerte.

Es de desear que este hecho ‘fundacional’ nos ayude a implicar cada vez más a los jóvenes de hoy en el compromiso apostólico por la salvación de otros jóvenes. Estar implicados significa llegar a ser terreno en el que crece con naturalidad la vocación consagrada salesiana. ¡Tengamos el valor de proponer a nuestros jóvenes la vocación consagrada salesiana!

Don Pascual Chávez
Rector Mayor
(fragmentos de la Carta 25 marzo 2009, ACG404)

viernes, 1 de mayo de 2009

Mayo, mes de María Auxiliadora

"La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: corren tiempos tan tristes que ciertamente necesitamos que la Santísima Virgen nos auxilie para conservar y defender la fe cristiana" (MBe VII, 288)

Comienza el mes de mayo, tal vez medio inadvertido frente al desconcierto de la situación en nuestro país, pero con la confianza puesta en Dios, sin cerrar los ojos ante nuestra realidad, dispongámonos a celebrar con gozo un mes lleno de cariño a la Madre de Jesús y Madre nuestra. Por esto, Auxiliadora, es un título muy acorde a nuestros tiempos, tal como lo declaró Don Bosco.

Pues bien, en esta ocasión, les invito a reflexionar en el Auxilio de María no tanto en la salud, no tanto en la crisis económica o en la inseguridad y violencia que vive nuestro país... sino donde se juega la felicidad plena del ser humano: su VOCACIÓN.

La vocación entendida más allá de una mera elección profesional, sino como el diálogo constante entre Dios y el hombre, donde no se trata de hacer la voluntad de Dios, no entendida como caprichos divinos, sino como el lento caminar del ser humano en su desarrollo con el acompañamiento de Dios hasta que el hombre alcance su verdadera y plena libertad para amar, y así ser feliz.

En el camino del discernimiento vocacional, que comienza desde que adquirimos uso de razón hasta el momento de nuestra muerte, hay muchos obstáculos que no nos permiten vivir con felicidad nuestras opciones. La fragmentación interior, el ajetreo de la vida diaria, el ensordecimiento de nuestra conciencia, son entre otros, los problemas con los que todos nos enfrentamos en la búsqueda de nuestra unidad. Ahora bien, esa unidad humana, es requisito indispensable para poder escuchar la voz de Dios, como una voz capaz de transformar toda la existencia. Cuando Dios es recibido por un corazón fragmentado que no sabe lo que quiere, que hoy quiere algo y mañana no, que vive la vida como cápsulas disímbolas de situaciones, la voz de Dios resonará con alegría en algunas y será temida y vista como cruel verdugo en otras. "Mantén mi corazón entero en el temor de tu nombre" reza desde hace muchos siglos el salmo 86. La vocación es un delicado proceso de liberación.

En este camino, necesitamos de modelos y ayudas. Un modelo maravilloso es María de Nazaret, la joven que en su proceso vocacional supo abrirse para vivir lo inesperado, aceptando ser la Madre de Jesús, luego supo discernir la hora en que su Hijo tenía que manifestar la presencia de Dios en medio del mundo, cuando le pide más vino en las bodas de Caná, y bebe el amargo cáliz de la cruz de su amado Hijo, aceptando extender su maternidad hacia todos aquellos que él amó. Ahora, desde el Cielo, María es Madre y Maestra de los hermanos de su Hijo: los cristianos. Su intercesión en este camino, es una muestra del poderío de Dios capaz de sanar heridas, capaz de abrir corazones, capaz de dar sentido a la vida, capaz de perdón y de audacia.

El cetro de María Auxiliadora nos muestra no un imperio, sino una fuerza. María no manda, María acompaña. A ella, los cristianos elevamos la mirada, recordando que es Dios mismo quien la ha fortalecido como canta bellamente el Magnificat.

Al pedir fuerza en la vocación, no dudemos en pedirle que nos enseñe a ser audaces creyentes como ella, que no temamos decirle a Dios: "Aquí estoy!" Ya no pidamos a Dios por las vocaciones si antes no le pedimos por nuestra propia vocación. La vocación no es cuestión de pedir que llame a otros, sino de que nosotros le escuchemos.

María Auxiliadora, enséñanos a acoger la voz de Dios en nuestras vidas, aún en medio de nuestras contradicciones, pues sabemos al ver tu ejemplo, que para él, nada es imposible. Amén.